9 de enero de 2026

El misterio del Módulo 41 1/2

Enero 09, 2026


El misterio del Módulo 41

Leyendas con bases reales

Ruta Cien, febrero 1991

Las leyendas que aquí son de dominio público y que usted como visitante lo menos que le pueden provocar es asombro, nacieron de un descubrimiento real.

Realizando las excavaciones para levantar un segundo techo, en la parte trasera de lo que es hoy el módulo 41, un albañil halló resistencia en su pala enterrarse en la tierra; al ir raspando con la misma, el albañil fue encontrando forma a los objetos adheridos a la tierra. Eran una olla de barro y un esqueleto.

La versión se ha ido transformando, pues el albañil al otro día de lo que descubrió nunca regresó. Dicen que la olla contenía algo o mucho de valor. Lo que sí es cierto, y esto lo constatan varios trabajadores que ahí laboran desde los inicios de este módulo, es que el esqueleto de la mujer fue trasladado y enterrado nuevamente junto a una torre de vigilancia del antiguo penal.

Como mucho saben, los módulo 41 y 51-A están ubicados en lo que fue la cárcel de mujeres, allá en Santa Martha Acatitla.

Lo que corresponde al 51-A es la parte que formaba la guardería para los hijos de las reclusas, así como las celdas mismas. Del lado de las instalaciones del 41 estaba principalmente una milpa, cuya cosecha era para el autoconsumo.

Es en esta zona que don Porfírio de la Vega, vigilante de este módulo, entrada la noche vio, como a 10 metros de distancia, a dos celadores que arrastraban de la caballera a una mujer, la cual conducían al fondo del módulo.

Don Porfírio murió en 1986 y hasta el final sostuvo con toda claridad vio a estas tres personas, al grado de seguirlas a escasos metros para, primordialmente, intervenir en ese hecho que veía. Pero, a medida que se iban acercando los 2 celadores y la mujer desaparecían intempestivamente, para aparecer repentinamente más distantes.

Pedro Jiménez, mecánico del módulo 41, asegura que a él no lo han espantado ni ha visto nada extraordinario. "Tal vez porque tengo un carácter fuerte -sostiene-. Sin embargo, una tarde estábamos en la "bruja" cuando Miguel Cortés, arriba del camión sintió claramente cómo una mano le tocaba poco más abajo de la cintura, motivo por el cuál a un compañero y a mí nos empezó a reclamar. Ante nuestra negativa de culpa, Cortés subió nuevamente al camión, donde otra vez fue tocado sin que pudiera encontrar culpable".





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